Terracultura
Información sobre Herpetocultura. Actividades productivas
rentables relacionadas con la cria de reptiles, Yacaré,
Iguana, Lagarto Overo
Cría de reptiles
Cría de Iguana Overa. Cría de Lagarto Overo
Nombre científico: Tupinambis merianae (Duméril & Bibron,
1839)
Nombre/s Vulgar/es
Lagarto Overo, Iguana Overa
Descripción de la especie
Al
igual que T. rufescens, en T. merianae, las extremidades
posteriores son largas, la cabeza prolongada y las escamas
dorsales de forma ovalada y muy pequeñas. El cuerpo puede
alcanzar una longitud de aproximadamente 400 mm. o más
(distancia tomada entre hocico y cloaca), si tomamos en
cuenta la larga cola esta longitud puede ser casi el doble.
La cabeza es prolongada y comprimida lateralmente. Se
observa un escaso desarrollo en la región masetérica
relacionado esto con la masticación.
También presenta dos grandes pliegues gulares (región
próxima a la garganta).
En cuanto a la coloración general de esta especie, la misma
es oscura con manchas transversales blancas. Su patrón de
coloración comprende: la cabeza y el dorso oliváceos, a
veces este último puede ser muy oscuro y presentar bandas
transversales negras que se extienden desde la nuca hasta la
punta de la cola. En las extremidades pueden observarse
manchas redondeadas blanquecinas. La zona ventral es
amarillenta con bandas negras transversales.
En la zona gular se presentan manchas negras irregulares y
en la superficie ventral de la cola bandas negras
transversales. Los juveniles al nacer son de color verde
claro metálico y brillantes. A pesar de las diferencias
generales en la coloración –rojiza en T. rufescens y
negruzca en T. merianae–, el carácter que mejor diferencia a
ambas especies, particularmente cuando se observan los
cueros, es la presencia de una escama posmental en T.
rufescens y dos en T. merianae (Cei, 1993). Poseen un
dimorfismo sexual bastante marcado: los machos más grandes,
tienen un color más intenso y presentan botones sexuales a
ambos lados de la cloaca.
Distribución
En las regiones noreste y pampeana de Argentina: Misiones,
Corrientes, Entre Ríos, Santa Fé, Provincia de Buenos Aires.
En Chaco llega hasta Pinedo, en contacto con T. rufescens;
en La Pampa es frecuente en la zona oriental; en San Luis
hasta El Morro, en Córdoba se halla en Río Cuarto y de allí
hasta las sierras.
Hábitat
El hábitat de T. merianae es bastante diverso, ya que
podemos encontrar a esta especie en ambientes tales como
selvas húmedas tropicales, espacios abiertos como sabanas de
pastizales con arbustos espinosos, ambientes periacuáticos,
zonas de humedales, en la estepa de altura herbácea así como
zonas costeras arenosas.
Alimentación
Su alimentación es omnívora, se alimenta principalmente de
aves, pequeños mamíferos, además de insectos, moluscos,
peces, anfibios y hasta frutas; el alimento preferido son
los huevos.
Reproducción
Son
ovíparos, el período de cortejo y cópula se extiende desde
octubre hasta noviembre; el pico de nidificación se produce
en diciembre, y las crías nacen en el mes de febrero.
Presentan una alta tasa reproductiva (25-36 huevos promedio
por hembra por temporada) y un crecimiento corporal
logístico (Quintana, 1991).
Los tamaños mínimos reproductivos son de 320 mm. para los
machos y 349 mm. para las hembras (Fitzgerald et al., 1993).
Comportamiento
Los lagartos del género Tupinambis son poiquilotermos, como
todos los reptiles. T. merianae y T. rufescens, presentan
hábitos cavícolas, son particularmente activos en los meses
de primavera y verano (desde octubre hasta marzo) e hibernan
en los meses restantes en cuevas que ellos mismos construyen
o que abandonan otros animales como por ejemplo las
vizcachas (Lagostomus maximus). Su horario de actividad
máxima oscila entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde.
Situación actual de la especie
Las iguanas del género Tupinambis son tradicionalmente
cazadas por los pueblos indígenas y criollos de América del
Sur con fines de subsistencia y comerciales. En la
actualidad, las dos especies presentes en la Argentina, la
iguana overa o lagarto overo (Tupinambis merianae
–antiguamente denominada T. teguixin; Avila-Pires, 1995–) y
la iguana colorada o lagarto colorado (Tupinambis rufescens)
se explotan comercialmente por su cuero, que se curte en el
país y se exporta para la posterior confección de una gran
variedad de productos –en su mayoría relacionados con la
industria del calzado y marroquinería –.
La presión de caza que ambas especies han sufrido
históricamente ha llevado a que desde el año 1977 fueran
incluidas en el Apéndice II de la Convención para el
Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y
Flora Silvestres (CITES) y consideradas dentro de la
categoría de “comercio significativo”. Los pobladores de
vastas zonas de la Argentina utilizan la carne para
alimentación y la grasa para fines medicinales, mientras que
el cuero es vendido a acopiadores.
En décadas pasadas, esto último significaba una importante
fuente de ingreso y, a pesar de la merma en la demanda
comercial reciente, la captura de iguanas, actualmente sigue
siendo una de las pocas alternativas económicas para los
pobladores indígenas y criollos comprendidos dentro del área
de distribución de ambas especies.
Fuente:
Proyecto Tupinambis
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Cria de la Iguana
La iguana, nombre común que se da en la Argentina al lagarto
overo (Tupinambis merianae) y al lagarto colorado
(Tupinambis rufescens), se distribuye en nuestro territorio
desde Jujuy hasta el NE de la Patagonia. Las iguanas viven
en muchos tipos de hábitat donde pueden hallar refugio. Así,
se las encuentra en el bosque chaqueño, monte seco,
serranías y palmares. La presencia del hombre no la afecta
mayormente, aprovechando la iguana, en muchos casos, los
ambientes perturbados por la acción humana para encontrar
sus escondites.
Las dos especies de iguanas que se encuentran en la
Argentina no son consideradas como amenazadas y por esto no
están incluidas en el Libro Rojo de la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos
Naturales (UICN).
Por su parte, la Convención sobre el Comercio Internacional
de Especies Amenazadas de la Flora y la Fauna Silvestres
(CITES) incluye a las iguanas en el Apéndice II, lo que
significa que estas especies pueden ser utilizadas en forma
regulada. Sin embargo, el gran volumen de ejemplares
capturados y exportados desde la Argentina llevó a la
Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano a
elaborar conjuntamente con las provincias que comparten el
recurso y el sector privado, planes de estudio y monitoreo
de las poblaciones de iguanas, a la vez que se establecía un
cupo anual de exportación.
Tradicionalmente las iguanas han sido objeto de una fuerte
explotación comercial, dirigida a la obtención de sus
cueros, sin que se estableciera regulación alguna para su
captura y exportación. Ante esta situación, en el año 1993,
la Secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano, con
el acuerdo de las provincias de: Buenos Aires, Catamarca,
Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La
Pampa, La Rioja, Salta, Santa Fe, Santiago del Estero,
Tucumán y el sector privado, pone en marcha el Programa
Nacional de Conservación y Manejo de la Iguana.
Cada provincia establece el período durante el cual se
permite la captura y que por lo general se extiende desde
principios de diciembre hasta fines de marzo. Tamaño mínimo:
El ancho del cuero de la iguana cazada no podrá ser inferior
a 24 cm, a fin de proteger los animales jóvenes que aún no
se han reproducido. Con el progreso de los estudios
científicos actualmente en marcha, estos parámetros podrán
ajustarse a fin de asegurar la conservación de la iguana.
El comercio de cueros de iguana es, sin lugar a dudas, muy
importante en varios niveles de la economía del país. El
valor de exportación de estos reptiles equivale a millones
de dólares anualmente y para las poblaciones rurales del
norte argentino, de bajos salarios o empleos temporarios, la
caza de iguanas es una fuente de ingresos significativa.
Adicionalmente, parte importante de las familias
involucradas en la actividad consume la carne; la grasa de
estos animales es muy apreciada para usos medicinales.
La provincia de Entre Ríos, cuenta solamente con la iguana
overa (T. merianae). De acuerdo al programa nacional, desde
1995 se viene haciendo el monitoreo, tanto de los criaderos
como de las poblaciones silvestres. Se concentra la
actividad en las localidades de la provincia donde se
encuentra la mayor cantidad de cazadores.
Se trabaja sobre las pieles del primer eslabón de la cadena
de comercialización, es aquí donde se refleja la actividad
tal como es, es decir que se verifica tanto las pieles que
se ajustan a la medida autorizada como las que no. Desde el
año 1998 en adelante no ha tenido tanta demanda su piel, por
lo que podríamos decir que las poblaciones silvestres están
en buena forma. Actualmente hay menos interés por la piel
que años anteriores, pero no quiere decir que haya
desaparecido la caza y el comercio.
La cría de iguanas en cautiverio resulta rentable a partir
del comercio de la carne en escabeche, la grasa en pomadas
farmacológicas y los cueros en productos de marroquinería.
La carne de iguana no tiene colesterol ni ácido úrico, y la
grasa produce efectos curativos como antiinflamatorio y
antihemorroidal, y para tratar la soriasis. De cada ejemplar
se obtienen entre 2 y 3 kilogramos de carne y entre 300 y
500 gramos de grasa, que refinada para su uso farmacológico
rinde tres veces más su peso original.
Al margen de la venta comercial, resulta sumamente
interesante el proceso de cría de la iguana, que tiene una
exigencia laboral de sólo seis meses, entre fines de
setiembre y mediados de marzo, porque el resto del año el
animal hiberna. Otro aspecto que hace rentable la actividad
es que la iguana no requiere mucha alimentación, ya que un
ejemplar adulto consume anualmente unos 10 kilogramos de
alimentos, consistentes en carne, huevo y verduras carnosas.
Fuente: Subsecretaría de Política Agropecuaria y Alimentos –
SAGPyA